La nueva carta de Warren Buffett combina sabiduría inversora y reflexión personal, reafirmando los principios que guiaron su éxito: paciencia, disciplina y enfoque en el valor a largo plazo.
Ayer, Berkshire Hathaway publicó la más reciente carta de Warren Buffett a sus accionistas.
Y fue, sin dudas, una de las más emotivas.
Al menos para quienes lo seguimos desde hace tanto tiempo.
Porque Buffett no solo habla de negocios.
Habla de la vida, de los valores y de cómo ser una mejor persona.
Siempre desde su experiencia, con la sabiduría que dan los años… y una vida bien vivida.
Hoy, con 95 años, sigue enseñando.

En esta ocasión, anunció la conversión de 1.800 acciones Clase A en 2.700.000 Clase B para donarlas a cuatro fundaciones familiares.
1.500.000 acciones irán a The Susan Thompson Buffett Foundation, creada en honor a su esposa fallecida, enfocada en salud reproductiva, planificación familiar y educación.
Los 1.200.000 restantes se distribuirán en partes iguales entre las fundaciones de sus hijos.
La primera, Howard G. Buffett Foundation, ligada al trabajo agrícola y la seguridad alimentaria.
La segunda, The Sherwood Foundation, enfocada en equidad social, educación pública y justicia social.
La tercera, NoVo Foundation, dedicada al empoderamiento de mujeres y niños y al desarrollo comunitario.
Una decisión coherente con su visión de siempre: “La riqueza extrema debe volver a la sociedad.”
Pero esta carta tuvo además dos anuncios trascendentales.
El primero: Buffett confirmó que ya no escribirá el informe anual ni hablará extensamente en las reuniones de accionistas.
En sus palabras:
“Como dirían los británicos, me retiraré en silencio.”
El segundo: la confirmación de Greg Abel como nuevo presidente ejecutivo de Berkshire Hathaway a fin de año.
Buffett lo describe como un líder excepcional, trabajador incansable y comunicador honesto.
Todo lo que un accionista podría desear en quien dirige sus inversiones.
Aunque deja el mando, Buffett seguirá enviando un mensaje anual en Acción de Gracias y actuará como consejero ocasional.
Una muestra más de la cultura única que distingue a Berkshire.
Gran parte de la carta es un viaje por su vida: sus amistades, sus socios (incluido el inolvidable Charlie Munger), su amor por Nebraska y por Omaha, donde nació, creció y levantó el imperio Berkshire.
Buffett dice que no es casualidad que Berkshire haya florecido allí.
La cultura y el equilibrio de Omaha, según él, fueron la base ideal tanto para su desarrollo personal como empresarial.
Con su tono característico de humildad, agradece haber nacido sano, en Estados Unidos, y con oportunidades que muchos no tienen.
Reconoce que la fortuna es caprichosa e injusta, y critica a quienes no reconocen sus privilegios.
Ahí uno entiende mejor por qué su compromiso con las fundaciones tiene tanto sentido.
En lo empresarial, Buffett reitera su confianza plena en Greg Abel.
Afirma que Berkshire tiene perspectivas superiores al promedio, sustentadas en negocios sólidos y no correlacionados.
Y agrego algo que me parece esencial: Berkshire es un holding altamente descentralizado.
Más de 60 compañías que operan con autonomía.
Sin una estructura centralizada.
Con líderes capaces y confiables al frente.
Desde Omaha, ahora Greg Abel, supervisará el conjunto, evaluará los resultados y decidirá cómo asignar el capital —una tarea enorme, considerando los USD 381.000 millones de efectivo que Berkshire tiene hoy.
Buffett reconoce que el tamaño del conglomerado limita el crecimiento futuro, y que los retornos probablemente no superen el 10-12% anual.
Aun así, Berkshire conserva una solidez financiera extraordinaria y una cultura difícil de quebrar.
Es, como suelo decir, una empresa antifrágil.
Capaz de salir fortalecida de las crisis, como lo hizo en 2008.
Eso sí, Buffett vuelve a recordarnos una lección fundamental:
“Habrá caídas del 50%. No desesperen. América volverá, y Berkshire también.”
La carta es, sencillamente, extraordinaria.
Una mezcla de sabiduría, humildad y humanidad.
Una despedida conmovedora del que, sin dudas, es el mejor inversor de todos los tiempos.
Y más importante aún: una persona que entendió que el dinero es solo una herramienta.
Lo que realmente trasciende es cómo usamos ese dinero, ese tiempo y esa vida para mejorar el mundo.
Recomiendo leerla completa aquí.
Vale cada párrafo.
No solo para entender Berkshire, sino para entender lo que significa vivir con propósito.
Atentamente,
Diego Matianich
